Un Gitano en Guadalajara

¿A quién no han asustado, de pequeños,  con el tipo decir  “vendrá  el gitano y te llevará” ?

Recuerdo que de niña siempre me llamó la atención saber por qué los gitanos se vestían así  y  si los “húngaros” eran reales gitanos o no. Mi madre moría de coraje de ver que lejos de causarme miedo, me causaban curiosidad y cuando los veía, platicaba sin temor alguno con ellos. Ni qué decir, era mi destino ser tan curiosa, y hoy después de haber convivido tanto con los húngaros mexicanos como los reales gitanos puedo reconocer las dos vertientes de la cultura y me siguen pareciendo igual de interesantes.

Anoche tomé mi cámara y me fui al centro a vagar, cual gipsy. Terminé sentada en una banca de las ramblas en Escorza y Juarez, esperando a que Casa Escorza abriera una exposición fotográfica en la cuál participa un buen amigo mio y que reseñaré más adelante. Mientras esperaba y veía la vida pasar, tomaba fotos de personas, de parejas y de niños, se acercó a mí un guitarrista y comenzó a cantar. Mi sorpresa fue al escuchar su canto, su cantar era el de un español, pero más que español, su cantar era el de un gitano cantándole a la melancolía.  Su apariencia no negaba sus orígenes y al terminar la canción se sentó a mi lado para platicar.

La pasión, el viaje y las lenguas fueron los temas de conversación. Antonio es un hombre que ha viajado toda su vida, que en su afán de vivir como seminómada ha aprendido más de 6 lenguas, ha vivido en 2 continentes y en muchos países. Su cantar, siempre lleno de pasión, alegra a los que vagamos por ahí, y su ilusión -siempre compartida- es escribir un libro que se llamará “el viaje de un loco.”

Le debo una foto, que ya seleccioné y que quedé de entregarle en una cafetería del centro de la ciudad. Si a su paso buen lector tapatío se lo encuentra, no dude de escuchar su poesía, bien vale unas darle unas monedas para que continúe su eterno viaje.

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