Con el viento frío de un otoño en esplendor y un sol que no alcanzaba compensar el incomodo clima, los ciclistas, al llegar a avenida Vallarta encontraban la tradicional Vía Recreactiva suspendida por la realización del XXVII Maratón Internacional de Guadalajara.
Ante el panorama muchos tomaban la banqueta como reemplazo de los dos carriles que normalmente el automotor cede cada domingo por la mañana. Los peatones que buscaban atravesar la avenida se topaban con una banda plástica que tenía impresa la leyenda “PRECAUCIÓN”, advertencia que facilmente ignoraban.
Los de a pedal se les veía en grupos; con amigos o familia compartían el pequeño delito de robar su espacio al de a pie. Unos veían a los atletas y otros pocos daban ánimos a los corredores, la marcha de estos debía ser constante, tal vez no para ganar un lugar en podio, pero sí para cumplir un reto personal.
Las catrinas no figuraban, en su mayoría, como testigos de estas hazañas deportivas puesto que muchas fueron víctimas de vándalos, cazadores de cabezas que, sin motivo razonable, cercenaron a las hijas de Posada.
Los ciclistas encontraban una ruta de escape al cruce con Chapultepec, la calle les era restituida y las banquetas se quedaban para los escasos trasnseúntes de esta helada mañana. Sin embargo la acostumbrada meta para los ciclistas, la Minerva, era de los corredores, los otros debían encontrarla en el punto donde su entusiasmo o capacidad física diera su limíte.
Eso, en un domingo de otoño.

*PRECAUCIÓN
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