Black Boots Ink en Casa Escorza
Con una noche lluviosa, entre amigos, un poco de vino tinto y mucho humor, fue cómo se inauguró la exposición del colectivo Black Boots Ink en nuestra ciudad, que lejos de querer presentar a los “famosos fotógrafos” incitaron a los tapatíos a que conociéramos su trabajo.

Black Boots Ink es una “poesía narrativa que habla de los rituales de la vida que persiguen la felicidad. Es acerca de la curiosidad que los hace caminar hacia nuevas situaciones, a cerca de sorprenderse en compañía de extranjeros, de parar, de trabajar, de protestar y progresar.” Es una invitación abierta al diálogo por medio de imágenes y de lenguajes que todo mundo pueda comprender. En resumen, se trata del lenguaje universal: las imágenes.
A través de su fotografía logras captar la relación entre la gente y su ambiente con una Mirada de aproximación a la vida diaria. El colectivo propone trabajar con personas que gusten de la fotografía y que estén dispuesto a hacer un ejercicio de transversalidad de la mirada, es decir, intercambiar puntos de vista con extranjeros sobre el ambiente local.
La exposición estará abierta a partir de hoy 16 de agosto hasta los últimos días de este mes de Casa Escorza (Escorza #83-A entre Juárez y Pedro Moreno.
Vale la pena darse una vueltecita, aparte de que la galería es tan única y especial, se llevarán un grato sabor de boca con lo que hay en la exposición.
Horarios:
Lun-Vie 9:00-20:00 | Sábado de 10:00 a 13:00
Un Gitano en Guadalajara
¿A quién no han asustado, de pequeños, con el tipo decir “vendrá el gitano y te llevará” ?
Recuerdo que de niña siempre me llamó la atención saber por qué los gitanos se vestían así y si los “húngaros” eran reales gitanos o no. Mi madre moría de coraje de ver que lejos de causarme miedo, me causaban curiosidad y cuando los veía, platicaba sin temor alguno con ellos. Ni qué decir, era mi destino ser tan curiosa, y hoy después de haber convivido tanto con los húngaros mexicanos como los reales gitanos puedo reconocer las dos vertientes de la cultura y me siguen pareciendo igual de interesantes.
Anoche tomé mi cámara y me fui al centro a vagar, cual gipsy. Terminé sentada en una banca de las ramblas en Escorza y Juarez, esperando a que Casa Escorza abriera una exposición fotográfica en la cuál participa un buen amigo mio y que reseñaré más adelante. Mientras esperaba y veía la vida pasar, tomaba fotos de personas, de parejas y de niños, se acercó a mí un guitarrista y comenzó a cantar. Mi sorpresa fue al escuchar su canto, su cantar era el de un español, pero más que español, su cantar era el de un gitano cantándole a la melancolía. Su apariencia no negaba sus orígenes y al terminar la canción se sentó a mi lado para platicar.
La pasión, el viaje y las lenguas fueron los temas de conversación. Antonio es un hombre que ha viajado toda su vida, que en su afán de vivir como seminómada ha aprendido más de 6 lenguas, ha vivido en 2 continentes y en muchos países. Su cantar, siempre lleno de pasión, alegra a los que vagamos por ahí, y su ilusión -siempre compartida- es escribir un libro que se llamará “el viaje de un loco.”

Le debo una foto, que ya seleccioné y que quedé de entregarle en una cafetería del centro de la ciudad. Si a su paso buen lector tapatío se lo encuentra, no dude de escuchar su poesía, bien vale unas darle unas monedas para que continúe su eterno viaje.

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