Noche de piano de cola y sax: Villafranca y Jay Rodríguez

La luz y su ausencia en el concreto, oscuras tentaciones en el sótano interno, luna desvelada preocupada por la noche, noche con labios rojos vestida para cóctel, noche de engaño entre tus piernas.

Danza existencial de mi iris y tu encandecencia fabricada,.. Tango de mi búsqueda sensitiva y tu capacidad de ocultar mis intenciones con tu manto oscuro, aire húmedo que transporta mariposas negras a dimensiones nuevas, murmullo persuasivo del ritmo hipnótico de tus árboles,.. camino por tus recuerdos y tu melancolía.

Sax on the Piano, por Mrs-Vere

Noche de piano de cola, cálido, húmedo, tropical, dedos al ritmo de la huella que deja la marea en la arena, del trigo en la pradera, del sonido de las alas en el eco del páramo, niebla cubriendo lentamente la peña mas alta, migración de nimbos a cielos distantes, viento y palmera, marea y olas.

Noche de sax que recorre libremente los callejones sin luz, elemento difusor inmerso en un espacio urbano, densidad de población sonora, conurbación de elementos conformando megalópolis, núcleos de notas periféricas agrupadas en torno a un centro, comunicación de áreas independientes ,edificaciones vinculadas por una red de caminos, extensión amplia, infraestructura new-yorkina que sobrepasa los propios limites del Teatro Diana.

Ciudad construida por las manos de Jay Rodríguez aferrándose a su herramienta de cromo, abastecida por la mercancía agrícola campestre, de tranquilidad rural de Elio Villafranca, energía y producto primario que ella misma no puede producir, permitiendo a la ciudad servir de recipiente para la creatividad y comulgación de la paz y el frenesí que provoca el jazz.

Foto: Mrs-Vere.

Cerado Dl Hibre: Del nuomeno al fenómeno

Kant en su Crítica a la Razón Pura llama nuomeno al suceso en el cual no es percibido por los elementos cognoscitivos.

El miércoles estuve indeciso. Sólo Jazz presentó una sesión en el Teatro Diana.

¿En qué momento el Jazz se vistió de traje y corbata?

El jazz, un concepto que hace cuatro años si bien ya se había establecido en Guadalajara, aun no contaba con los espacios que tiene actualmente. Entonces surgió una alta tendencia por explorar el jazz en espacios de arte plástico, pintura, fotografía, contando con un foro amplio que va desde cafeterías hasta bares.

Siempre me gusto el jazz cocinado en casa. Sólo Jazz -104.3 FM- conducido por Zara Valenzuela presentaba sus sesiones en vivo en La Santa. El sonido de las copas, el olor a colonia de la noche, el martini y la improvisación, los cubos de hielo cayendo en el vaso, el rojo que persigue al pecado con los transductores al ritmo de los tacones altos, de los ojos grandes que insinúan, que magnetizan, humo de libertad condensando el espacio interno, lenguajes internos con trompetas insinuantes, pliegues seductores, galantería, misterio, intenciones ocultas.

¿En qué momento el jazz se vistió de tacuche buscando oídos burgueses?

Resolvía el crucigrama, mientras compraba el ticket para liberar al monstruo, para dejar huir tensiones y eliminar el tedio. Cuarenta pesos por enriquecer mis sentidos. Un acrílico reordenando la interacción social: aquí nadie me enciende un cigarro.

Estudio el Diana, gente con micrófonos pegados a la cara mostrándote un camino diseñado para no alterar el orden y no perder el peinado, señalándote  según su criterio cual es el mejor lugar para que aprecies el evento y enfriando toda posibilidad de calidez.

Entro al estudio, ambiente tétrico, mantas negras.

Cerado Dl Hibre. Son viejos lobos locales con precursores en jam urbano, que iniciaron este proyecto en 2005 interpretando una sesión esquizofrénica, disociativa, paranoica. Una fusión de inventiva, ruido, improvisación, orden, creatividad y carisma. Jazz axial, experimental con tintes electrónicos, con funk, con break, core, tribe hope.

El nuomeno sufre una metamorfosis a través de mis pupilas para convertirse en fenómeno.

Sonidos desquiciadores que emergen del violín con insomnio de Oscar Quiñones; viento depresivo, interpretación retórica, intento suicida con cuerdas laserantes que pasaban del arco a la ejecución directa propagando sonidos que me recordaban al Gipsy Eyes de Hendrix;acompañado de un sax que robaba su soledad, un sax bipolar que pasaba de la introversión al expresionismo, una tormenta eléctrica que energizaba la trompeta y el delirio de persecución de Fernando Martinez, incorporando caracoles al conjunto de notas que buscan sentido en la batería eléctrica y las percusiones destruidas con los golpeteos rabiosos de David Rojas.. dando paso al bajo ebrio, confundido, con ritmos de cabaret que pierden memoria de su tesitura y busca alivio en las almas de una formación que se expresa de forma catártica robando el oxigeno libre del espectador provocando una especie de sofoco colectivo en la audiencia.

La inquietud adolescente de Cerado Dl Hibre por explorar los alcances del sonido forma un imperio titánico de ruido sin sentido. Cuarteto con afasia de broca expresivo pero incomprensible.

Quebrando el vidrio del esquema tradicional del jazz local,subido en un tren frenetico sin frontera convirtió el estudio Diana en una sala experimental, demostrando la autonomía histórica del jazz y del espacio circundante, dignificando la cultura urbana de ese jazz mugroso, de copa, de colonia barata,.. ese jazz de humo blanco, de promesa de cantina,.. Jazz de bodega oscura, de ojos perdidos, de pensamiento delirante, de callejón sin salida, de concreto y bachicha…

Ojalá y regresen aquellos días cuando el jazz se ponía pantalones rotos y deambulaba por la ciudad nocturna en busca de oídos atentos. Cerado Dl Hibre lleva en sus manos el sonido arcaico que necesitaban mis sentidos.